Comunicar para emprender
Una experiencia con jóvenes líderes
Durante este fin de semana, en el marco de la estrategia “Prepara – Programa de liderazgo preuniversitario”, tuve la oportunidad de impartir, por segundo año consecutivo, un breve taller de comunicación eficaz dirigido a jóvenes emprendedores de nivel preparatoria.
El espacio se diseñó con un propósito claro: ayudar a los participantes a reconocer que, en este tiempo, no basta con tener buenas ideas; es indispensable saber comunicarlas con claridad, intención y sentido de impacto. Como se compartió al inicio del taller, retomando una reflexión de G. K. Chesterton, una idea que no se traduce en palabra pierde fuerza, pero una palabra que no se convierte en acción pierde su sentido.
Durante la sesión, trabajamos dos ejes fundamentales:
1. Herramientas de persuasión
Se abordaron los principios comunicativos necesarios para este tiempo, donde la sobreinformación exige comunicadores más conscientes y estratégicos. Reflexionamos sobre la importancia de generar verosimilitud a partir de elementos concretos como la brevedad, la utilidad del mensaje, la retroalimentación y el seguimiento.
Asimismo, profundizamos en el equilibrio clásico de la retórica —ethos, pathos y logos— como una guía práctica para estructurar mensajes que conecten desde la credibilidad, la emoción y la razón. La persuasión, lejos de ser imposición, se presentó como un puente de conexión orientado al logro de objetivos compartidos, cuidando siempre la percepción del otro y la claridad del mensaje.
El trabajo también incluyó la autogestión del orador: reconocer el miedo, prepararse con disciplina y asumir la comunicación como una oportunidad para influir positivamente en los demás.
2. Desarrollo del discurso de elevador
En la segunda parte del taller, los jóvenes trabajaron en la construcción de su propio elevator pitch, entendiendo que comunicar un proyecto implica saber sintetizar quién soy, a quién sirvo, qué ofrezco y qué resultado genero.
Se enfatizó la importancia de la claridad, la brevedad y la relevancia, reconociendo que el tiempo de atención es limitado y que una buena comunicación respeta ese tiempo con ideas concretas y bien estructuradas. El discurso de elevador se presentó no solo como una herramienta de presentación, sino como un ejercicio de autoconocimiento, enfoque y posicionamiento personal.
Además, se trabajaron estilos de interacción y presencia comunicativa, invitando a los participantes a encontrar el equilibrio entre cercanía y autoridad, conexión y dirección, elementos clave para liderar desde la comunicación.
Con lo que me quedo de esta experiencia:
Más allá de las herramientas técnicas, el taller buscó sembrar una convicción: comunicar es una responsabilidad, especialmente cuando se trata de proyectos que buscan transformar la realidad. Formar jóvenes capaces de expresar sus ideas con claridad, autenticidad y propósito es también apostar por una mejor sociedad.
Agradezco profundamente la invitación a participar nuevamente en este programa, así como la confianza depositada para acompañar a estos jóvenes en una etapa tan significativa de su desarrollo. Sin duda, espacios como este confirman que el liderazgo comienza cuando una idea encuentra su voz y se convierte en acción.


